• 7.02.1885
  • -
  • La Isla

Editorial LAS DOS HERENCIAS VI. Semanario "La Isla" 7.02.1885

En el año de 1879 quedó constituido, el ayuntamiento componiéndole los hombres que militaban y aun militan en las filas del partido fusionista de esta localidad con el D. José Verdera al frente de la corporación municipal.

El partido conservador no podía influir en la gestión administrativa del municipio: no quedaban en el seno de la corporación más que dos ó tres personalidades, dos ó tres hombres afectos al mismo: una mayoría compacta disponía de los destinos todos del municipio; una mayoría compacta imprimía carácter a la corporación municipal; una mayoría compacta aplaudía las gestiones que practicara su presidente, le apoyaba incondicionalmente; disfrutaba éste del apoyo de todas las autoridades superiores, podía sin obstáculo de ninguno género desarrollar sus planes si los tenia, ó los que le trazara el partido, y así sucedió en efecto: la situación municipal quedaba personificada en la personalidad del alcalde.

...Una mayoría compacta disponía de los destinos todos del municipio... podía sin obstáculo de ninguno género desarrollar sus planes si los tenia, ó los que le trazara el partido, y así sucedió en efecto: la situación municipal quedaba personificada en la personalidad del alcalde.

Muchos aplaudieron todas las disposiciones que éste adoptara: el partido a que pertenecía no solo las aprobó sino que en muchas ocasiones las inició, y por tanto, ni puede atribuirse la gloría ni la responsabilidad de los actos ejecutados al alcalde solamente: sino que de éstas participa el partido que lo había designado para el cargo que ocupaba, pues ya hemos expuesto anteriormente que los partidos son responsables de los actos ejecutados por los hombres a quienes dispensara su confianza, si presta su asentimiento a los hechos que éstos ejecutan.

Si en épocas anteriores sé habían sentado los cimientos de nuestro estado actual del municipio con el desacierto cometido de agregar el ayuntamiento de Formentera a nuestro municipio, con la apatía en exigir a este vecindario el cobro de los diferentes repartos, y con trasformar el ayuntamiento en corporación esencialmente política; en la época en que nos hallamos se terminaba el edificio con la adopción de una conducta que había de producir resultados funestos: esta conducta era la poca protección dispensada a los arrendatarios del impuesto de consumos.

En los últimos años anteriores a 1880 se había arrendado el cobro del impuesto de consumos y se habían obtenido resultados beneficiosos para las arcas municipales: era esta una renta qué permitía satisfacer el encabezamiento forzoso asignado a este pueblo, y se obtenía además un sobrante con el que se podía atender a muchas de las obligaciones del municipio. Desgraciadamente no sé comprendió que para que esta renta fuese ascendiendo en los años posteriores era un deber ineludible de la administración dispensar a los arrendatarios todo el apoyo, toda la protección que fueran compatibles con la justicia, a fin de que obteniendo estos los beneficios a que justamente aspiraban, existiera para ellos y para otros un aliciente poderoso que les impulsara á desear obtener la licitación en años posteriores. Si esta protección no hubiera faltado, seguramente no se hubieran visto desiertas las subastas posteriores como se vieron, ni habría llegado el caso de tenerse que acudir al cobro por administración como se acudió después; sistema que produjo un resultado fatal, pues fueron más exiguos los rendimientos obtenidos; que siempre suele acontecer que la administración es mala administradora.

Efecto de lo que hemos anotado fue que hubo de abandonarse el sistema de administración y habiéndose hecho abstracción de esta y no existiendo licitadores en las subastas fue preciso acudir al sistema del reparto, sistema que era imposible que prosperase, ya porque el reparto tenía que ser muy alto, y el pueblo estaba acostumbrado a que no se habían hecho efectivos otros repartos anteriores. Pero se acudió al reparto y aconteció lo que necesariamente había de acontecer, que el clamoreo fue grande, qué todos los contribuyentes creíanse perjudicados, que se afirmaba que no existía la igualdad debida en la distribución de clases, y el reparto quedó hecho; pero los contribuyentes no satisfacieron sus cuotas; la administración municipal no las exigió por la vía de apremio y resultó, como era natural, un déficit considerable, déficit que pesa sobre la corporación. Y siguiendo este ruinoso sistema se pasó un día y otro día hasta que en las elecciones municipales de 1888 el pueblo no concurrió a los comicios a elegir sus representantes, y desde 1. ° de Julio de dicho año puede decirse que no existió ayuntamiento hasta que se formó en diciembre del mismo año.

  • /