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“…Lo cierto es que la calma que, proporciona un paseo vespertino, puro, simple y solitario por sus rondas y baluartes; el indefinible contento que a un ibicenco le proporciona avistarlas por mar o aire, inmediatamente antes de rendir viaje de retrasado regreso; la placidez que deja en el espíritu una salida o puesta de sol, una vela blanca o una calma marina toda azul, vistas desde ellas; la auténtica sacudida de belleza que se percibe al ver inviernos, primaveras, estíos y otoños ibicencos enmarcados en sus troneras con el mar o la campiña al fondo; el fugaz júbilo interior que produce ver entre sus piedras la bella y modesta flor de la alcaparra, son vivencias irrepetibles en otro escenario que no sea el de las murallas de la Real Fuerza de Ibiza. ¿O es que esto lo sentimos sólo los que hemos nacido y vivido dentro de su recinto?.”

Mariano Llobet Román, ibicenco.

Prólogo del libro de D. Eduardo J. Posadas Lopez “Las Murallas de Ibiza”. 1989

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