Ya hemos visto en el artículo de nuestro número anterior, que lleva el mismo epígrafe que éste, cuál era la situación de nuestro ayuntamiento antes de acaecer el cambio político producido por la revolución de 1868: ya hemos visto que al ocurrir este alzamiento, y entrar a ejercer su influencia y su poder en la corporación municipal los hombres titulados progresistas, la herencia relicta por el partido que abandonaba las esferas del poder no era gravosa; podía aceptarse sin beneficio de inventario: los hombres que hablan regido los destinos dé esté país; aquellos hombres que se habían sucedido en la administración municipal no podían ser culpados ni de negligencia, ni de abandono, ni de impericia, ni falta de patriotismo. Si a algunos de ellos se les hizo cruda guerra; si a algunos de ellos se intentó inútilmente desprestigiar, culpar se debe a las pasiones inherentes y propias del corazón humano; culpar se debe a la ingratitud de que el hombre en sus extravíos se halla poseído, pues siempre se ve que aquellos que menos razón ni derecho tienen a censurar; que aquellos a quienes se ha colmado de favores y distinciones, que aquellos qué más obligados están son los que afilan el puñal para hundirlo traidoramente en el seno de sus protectores; y así sucedió porque siempre es también condición humana que los que intentan medrar en el nuevo orden creado, tienen que demostrarse más implacables adversarios del partido caído porque necesitan inspirar confianza a los nuevos amigos. La muerte arrebató antes y después de 1868 a casi todos los hombres que habían desempeñado importante papel en la historia política de este país y entonces sus legítimos herederos políticos tuvieron el consuelo de ver que amigos y adversarios hacían justicia a la rectitud de intenciones, al acierto y patriotismo de los hombres que militaron en el antiguo partido moderado.

Probado queda lo que estaba en la conciencia dé todos, probado queda que el partido conservador existente en este país antes de 1868 no solo no es responsable del estado precario de la hacienda de nuestro municipio; ni de la situación actual del mismo sino que legó pingüe herencia al partido liberal.

… porque siempre es también condición humana que los que intentan medrar en el nuevo orden creado, tienen que demostrarse más implacables adversarios del partido caído porque necesitan inspirar confianza a los nuevos amigos.

Dueño éste sin trabas ni sujeción alguna de la gestión administrativa de este municipio: imperando de una manera absoluta en la esfera política creada y en funciones la junta revolucionaria, que dispuso a su antojo de los destinos de este país; renovados todos los ayuntamientos de esta isla; cambiadas por completo todas las autoridades, separados los empleados y sustituidos por otras personas que demostraban su afecto al nuevo régimen, comenzó a funcionar la nueva administración. El partido vencido ningún obstáculo opuso ni podía oponer al desarrollo dé la nueva generación política, ninguna intervención tuvo ni podía tener en la marcha administrativa de la corporación municipal.

Y en tal situación y sucediéndose un año a otro, los hombres que más genuina representación tenían entre las filas del partido hoy fusionista, aquellos hombres que en las mismas ejercían más legítima influencia tuvieron ocasión de desarrollar su política y sus planes en todas las esferas y, muy principalmente, en la administrativa y económica de nuestro ayuntamiento.