Poco tiempo había trascurrido desde que renunciara el cargo de diputado á cortes por este distrito el hombre que durante algunos años la había representado a esta Isla, cuando tuvieron lugar las elecciones municipales. En ellas el partido conservador luchó en esta ciudad y en la vecina isla de Formentera que forma parte de este término municipal, y de los quince concejales de que se compone el ayuntamiento obtuvieron nuestros amigos el triunfo de ocho, componiéndose por consiguiente esta administración municipal de ocho conservadores, seis fusionistas y un posibilita que hacía causa común con éstos, por tanto puede decirse que las dos fracciones ó partidos estaban equilibrados.

Fue elegido alcalde uno de nuestros mejores amigos, uno de aquellos hombres ante los cuáles inclinan todos la cabeza, porque ven en él al cumplido caballero, al honrado ciudadano, al modelo de jefes de familia y al laborioso e inteligente hombre de negocios: era este D. Edmundo Wallis, cuya pérdida jamás lloraremos bastante. Desempeñó éste la alcaidía durante poco tiempo; dedicó a ella y al buen régimen del municipio toda su actividad y su esclarecida inteligencia. Durante el tiempo que estuvo al frente del municipio, comenzó una era de reorganización, se corrigieron abusos y ni amigos ni adversarios pudieron hacer otra cosa que apoyarle incondicionalmente unos y aplaudirle otros. Por desgracia sus múltiples ocupaciones no le permitieron continuar desempeñando este cargo y hubo de renunciar a él.

Reconocido está por todos que los mismos hombres, el mismo partido que desde 1868 imprimió carácter a la situación municipal, seguía imprimiéndole en la época en que nuestros amigos formaron parte del ayuntamiento.

Sustituyóle otro concejal de la minoría del ayuntamiento, quien también dimitió, y a éste sustituyó otro concejal de la misma minoría, que ya entonces y a pesar de la renuncia hecha por el diputado á cortes, influía éste en el nombramiento de alcaldes y, como era natural, procuraba fuesen nombrados sus amigos políticos.

En esta época comenzó ya la lucha en el seno de la corporación; ésta acordaba lo que a su entender convenía á los intereses del municipio: su presidente, apoyado por sus amigos y éstos obedeciendo a los intereses de partido se oponían a los acuerdos adoptados, y el partido conservador de Ibiza se veía en el caso de ser considerado como partido de oposición y los antiguos progresistas disfrutaban de omnímoda influencia oficial. Dos años duró esta lucha; no es del caso relatar todos los accidentes, todas las fases de la misma; en la conciencia de todos los habitantes de este país está que nuestros amigos tuvieron constancia y decisión para protestar, recurrir en queja y que todo fue inútil; en la conciencia de todos está que nuestros amigos no pudieron imprimir su marcha al municipio; que no pudieron desarrollar sus planes, que no pudieron ver satisfechas sus aspiraciones. Reconocido está por todos que los mismos hombres, el mismo partido que desde 1868 imprimió carácter a la situación municipal, seguía imprimiéndole en la época en que nuestros amigos formaron parte del ayuntamiento.

Solo hubo un pequeño paréntesis; aquel en que fue alcalde nuestro amigo D. Edmundo Wallis. Y si alguien dudara de la veracidad de nuestros asertos, puede convencerse examinando las actas de las sesiones celebradas desde 1877 a 1879.

En este último año se renovó la mitad del ayuntamiento: cesaron en sus cargos algunos de nuestros amigos y quedó otra vez organizado el municipio, formando la mayoría de su ayuntamiento los mismos progresistas ó fusionistas, que seguían disfrutando del apoyo oficial, pues seguían siendo en dicha época conservadores. Fue puesto al frente del ayuntamiento uno de los nuevos concejales, merced a las gestiones practicadas por el diputado á cortes que dimitiera su cargo y que había sido reelegido: fue nombrado alcalde D. José Verdera, lo cual produjo una escisión en el partido denominado hoy fusionista, pues algunos qué habían prestado valiosos servicios al diputado a cortes, no consideraron que fuese justo, ni razonable, ni decoroso ser pospuestos al nuevo concejal Sr. Verdera.

Pero fueron estas cuestiones de familia política que no nos toca analizar, bastando a nuestro propósito hacer constar que desde Julio de 1879 el partido progresista que oficiaba hacia algún tiempo con los ornamentos de conservador, con el señor Verdera de alcalde, dispuso a su antojo, sin trabas ni sujeciones, ni oposición seria, ni protesta alguna de la administración municipal de este país.

Habiéndose producido entre nuestros adversarios políticos una escisión a causa del nombramiento de alcalde, y olvidando la fracción que seguía disfrutando de la influencia oficial y que tenía amigos queridos en el seno de la Diputación provincial, los sacrificios hechos por los hombres que con tanto ardor habían batallado con nuestros amigos; los compromisos arrostrados por la fracción que estaba en disidencia, trataron de inutilizarla y desprestigiarla y apelaron a uno de los medios que ni siquiera se ponen en práctica entre adversarios; cometieron la injusticia y el error de querer que aparecieran estos hombres como los únicos autores del mal estado del municipio; sin comprender los autores de tan descabellado plan que en política los partidos son responsables de los actos que ejecutan los hombres a quienes dispensan su confianza, si ésta no se retira cuando los hechos tienen lugar; y que no es posible censurar hoy aquello que se aplaudió ayer y á cuya realización se contribuyó. Para sojuzgar y aniquilar a los hombres que estaban en disidencia se hizo venir un comisionado de la Diputación provincial en octubre de 1879 para que examinase la administración municipal. El resultado de este examen fue que se proclamase que durante el tiempo que nuestros amigos dispusieron realmente dé la administración municipal, que durante el tiempo que nuestro inolvidable alcalde D. Edmundo Wallis había regido los destinos del municipio todo estaba en orden y no había existido ninguna infracción de ley. ¿Lograron nuestros adversarios ver realizado su plan? De ningún modo. Su desacertado acuerdo reveló tan solo sus escasos sentimientos de gratitud para los hombres que se hablan sacrificado por el partido a que pertenecieron, y demostró que no eran ni un hombre ni dos los responsables del estado del municipio, sino que lo era el partido todo que durante tantos años se hallara al frente de esta administración municipal. Y hay que tener en cuenta, que la situación de nuestra hacienda en 1870 a pesar de dejar mucho que desear, era próspera si se compara con la de los años posteriores, cuyo estudio será objeto de otro artículo.